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lunes, 19 de noviembre de 2012

El latín ha muerto. ¡Viva el latín!

El imaginario colectivo ha hecho del profesor de latín un personaje a menudo siniestro y triste. Nada de esto tiene el profesor Wilfried Stroh (en la fotografía), egregio latinista, actor y persona vital donde las haya. Su reciente obra "El latín ha muerto. ¡Viva el latín!" (Barcelona, Ediciones del Subsuelo, 2012) defiende la idea de que la lengua latina tuvo que morir para ser eterna, y nos ofrece la singular historia de esta lengua maravillosa que, junto al griego, ha dado lugar a las palabras que ponen nombres a nuestras ideas: los conceptos. Merece la pena recorrer esta historia de una lengua desde los remotos tiempos de su nacimiento hasta nuestros propios días. El latín es la clave de lo que conocemos como humanismo, o aquel conocimiento que nos hace mejores gracias a la "humanitas", cuyo peso en la historia de la educación ha dado lugar a las propias humanidades y mucho más. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE
El profesor Stroh no sólo sabe latín, sino que incluso lo habla, y con ello pretende dar vida a unos tiempos en que la enseñanza de la lengua romana era eminentemente práctica. Como él mismo sabe bien, el latín ha tenido a lo largo de su dilatada historia una doble faceta. De un lado, es una lengua artística, usada para la creación literaria, y, de otro lado, ha sido también una lengua científica, utilizada como transmisora del conocimiento. La primera faceta comenzó a verse marginada a partir, sobre todo, del Renacimiento, cuando las lenguas vernáculas comenzaron a reclamar su lugar literario en el mundo. La faceta científica pervivió hasta el mismo siglo XVIII, aunque ya entonces los eruditos comenzaron a escribir en sus respectivas lenguas particulares. Hay, por tanto, una dilatada historia de la lengua latina que corre en paralelo con la propia historia de Occidente. El autor nos explica en este apasionante libro cómo cada etapa histórica ha interpretado el significado de la lengua latina en su particular circunstancia. Según el autor, el latín adquirió su forma clásica de la mano de poetas como Virgilio y Horacio, y ese ha sido el latín que durante siglos ha pervivido como modelo de elocuencia. El latín, en realidad, quedó entonces convertido en un modelo atemporal que ha pervivido a lo largo del tiempo. Resulta curioso leer un texto latino escrito por Carl Marx en sus tiempos de estudiante, o saber que todavía hay políticos capaces de hablar en latín (a este respecto, me he acordado de la preciosa carta que el antiguo alcalde madrileño Tierno Galván escribió para responder a un ciudadano que había utilizado la misma lengua para saludarlo). Pero el latín es mucho más que pasado y prestigio. Como el autor dice bien, la traducción de una lengua moderna a otra no supone los saltos conceptuales que implica la traducción al latín de conceptos modernos. Una lengua clásica está en otro nivel diferente, nos permite adentrarnos en un mundo de categorías distintas (por ejemplo, la de la "humanitas"), y permite que nuestros mensajes escritos en latín perduren a través del tiempo. El libro de Stroh recuerda lejanamente las antiguas historias de la lengua latina que se escribieron en el siglo XVIII (Walchius y Funccius) y que sirvieron para construir la moderna filología. Es un libro único, además de una historia del humanismo. Su capacidad divulgativa y buen humor no están reñidos con un rigor científico exquisito. Es fantástico ver cómo recoge Stroh, por ejemplo, las cláusulas ciceronianas, o cómo habla acerca de los ideales educativos del Renacimiento.
Felicito a los valientes editores de EDICIONES DEL SUBSUELO, Laura Claravall y Xavier Grass, por haberse atrevido a publicar un libro tan hermoso que, además, trata sobre la lengua latina.
En definitiva, no exagero si digo que se trata de un libro imprescindible para cualquier persona curiosa por saber cómo se ha forjado la educación en Europa. Ante una sociedad cada vez más ignorante de todo, ante tanto libro aburrido y superficial, necesitamos cada vez más de estos maravillosos antídotos contra la ignorancia y el tedio.
WILFRIED STROH, El latín ha muerto, ¡Viva el latín! Breve historia de una gran lengua, Barcelona, Ediciones del Subsuelo, 2012.
FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE

1 comentario:

José B. Torres Guerra dijo...

Conocí a Stroh en Munich, un personaje realmente curioso que, por lo menos en uno de los dos semestres, daba un seminario de literatura latina... en latín! Impagables las fotos que tenía en la puerta de su despacho, en las que salía él mismo, ataviado de romano (esa toga!), actuando para un grupo de niños de colegio.

Gracias, Paco, por compartir esta información